lunes, 12 de septiembre de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 18): Fotografías para despertar feliz


Cuenta una leyenda que en aquella ciudad paseaba un chico triste y solitario, al que todos pensaban que le pasaba algo aunque intentara disimularlo. 

Dicen que paseaba y paseaba intentando sonreír y poner buena cara a cuántos se encontraba, aunque los que le conocían bien, sabían que no era más que una forma de disimular su tristeza y soledad. 

Cuenta esa leyenda que, un buen día, vagando por las calles como tantas veces, vio a una chica que le hizo sonreír. Que salió corriendo hacia ella, con cuidado de que no pudiera verle y que la siguió discretamente hasta que estuvo seguro de que era ella. 

Dicen que su teléfono móvil no tenía batería y no pudo fotografiarla. Que guiñó un ojo a modo de obturador, abrió bien el otro enfocando y que registró una imagen suya mentalmente. 



Cuentan que se fue corriendo a casa, nervioso. Que iba con los ojos cerrados y que iba dando tumbos chocando por todas partes, con todo lo que se encontraba a su paso. 

Dicen que se metió en la cama y que sin abrir aún los ojos, puso el despertador. 

Cuentan que le costó mucho dormirse, que tenía la imagen de aquella chica en la cabeza y que no quería que se borrara por un mal sueño no controlado. 

Dicen los que vivían en su mismo inmueble que aquella mañana el despertador sonó varias veces. Que sonó más de lo normal, aunque fuera un chico al que le costaba sacudirse el sueño. Que el chico despertó una y otra vez para ver la instantánea que había capturado el día anterior. Que cuando la encontró y supo que era ella, se levantó de la cama con una sonrisa. 

Cuentan que a partir de ese día, dicen por la ciudad que el chico siempre fue feliz. 

Lo que nadie dice ni cuenta es que esa chica, desgraciadamente, no soy yo…

Y sigo esperando que me hagas una foto, aunque sea con el móvil. 





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