jueves, 15 de marzo de 2018

Buscad la belleza, es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo



Yo, como todo buen aprendiz de Frank Sinatra que se precie, perseguí a mi maravillosa Ava Gadner, aunque me encantara ser un animal de casinos y dejar de lado cualquier compromiso. No la alcancé y aquí estoy, cantando en un karaoke. Pero aún la echo de menos.

Quizás mostrarme al mundo me ha hecho ver tanta mierda que he olvidado que la belleza hay que buscarla. Y me he empezado a olvidar de la mía. Y aquí estoy, eligiendo qué canción destrozar en un karaoke.



Buscar la belleza es una de las pocas cosas que pueden merecer la pena en este mundo hediondo y de mierda. Cuentan que un día Mae West pasó delante de una fila de personas que aspiraban a ser extras en alguna película y allí vio a Cary Grant de cuya belleza se quedó prendada inmediatamente. Fue al director y le dijo: “si esa cosa sabe hablar, hazle un contrato”. Yo espero un contrato de lo que sea mientras llega mi turno de hacer el payaso en un karaoke.

"Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza…"


Me doy cuenta de que en este karaoke no va a quedar bien que cante “La belleza” de Aute. Es más, estoy convencido de que nadie me va a prestar atención. Quizás sería mejor que buscara esa de “te voy a escribir la canción más bonita del mundo” de La Oreja de Van Gogh. Da igual. Además, no sé cantar. Tampoco escribir, pero eso da igual en este karaoke.

Recuerdo que Ramón Trecet decía al terminar su programa en Radio 3 aquella mítica frase que no debería olvidar nunca y que tendría que tener de mantra cada día al despertarme: “Buscad la belleza, es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”. Podría encontrar belleza incluso en esta borrachera a destiempo y en este karaoke.
Podría hacer muchas cosas, me dejarais o no, pero lo único a lo que voy a dedicar mis días, siempre que me acuerde, es a buscar la belleza. Aunque sea destrozando alguna mala canción en este sucio karaoke...

Por cierto: Karaoke es una palabra japonesa que significa “orquesta vacía”. Como decía al respecto Ted Mosby en un capítulo de “Cómo conocí a vuestra madre” tremendamente borracho, “¿No te parece arrebatadoramente hermoso?”. Preocupémonos tan solo de buscar la belleza. Es lo único que merece la pena. Aunque sea en medio de esta orquesta vacía en la que no hay manera de afinar. O en este karaoke...

P.D.:






jueves, 1 de marzo de 2018

Grité una noche







Vamos a gritar hasta que todo deje de doler.
O de tener sentido.
O gritaré yo solo para que todo vuelva a doler con sentido.

Gritar.

Grité una noche.
Como hoy por la noche.
Gritar en lugar de cantar.
Cantando a gritos.

Hace tiempo que a nadie le duelen mis gritos.
Y mucho más tiempo del que no grito por dolor.
Puede ser contradictorio.
Quizás lo sea.
No me importa.
Gritaré de contradicción mientras olvido lo que me duele.
Que no recuerdo qué es.
Que no me hace gritar.
Y eso duele.

Grité una noche.
Como hoy por la noche.








martes, 30 de enero de 2018

Hace tanto que no escribo aquí que me da miedo (y Fernando Arrabal me sigue en Twitter)



Hace más de dos meses que no se publica nada en esta página. No tiene que ser malo pero es así. Hace algún tiempo (mucho menos que dos meses) que me ronda por la cabeza escribir publicar algo aquí pero lo voy dejando. Ya se sabe, las mujeres, la fama, la noche me confunde... Pero nada es excusa. Y todo es falso. Hace tiempo que tengo otras cosas en la cabeza. Aunque necesite dinero para ello.




Si tuviera dinero el primer proyecto que emprendería sería el de crear una serie para vendérsela a la HBO (creo que es la única cadena que me permitiría la libertad creativa que requiere afrontarla y a la única que le podría interesar) sobre el apasionante momento, y todo lo que le rodeó, en el que Fernando Arrabal y Christoph Tzara, hijo de Tristan Tzara, planearon matar a Franco aprovechando el dadaísmo inclasificable del primero y los conocimientos científicos del segundo. Se plantearon mandar al caudillo un libro de Santa Teresa, por quién Franco tenía devoción, con las páginas envenenadas. Un poco a la manera de los asesinatos de la abadía de El nombre de la rosa de Umberto Eco. Un plan del que poco se sabe pero que puede dar lugar a una saga si mezcláramos, tan de moda ahora, lo real con lo ficticio, lo que ocurrió con lo que podría haber ocurrido. Ese plan que, según parece, abortó el Partido Comunista y del que nunca más se supo. Francisco Franco Bahamode murió en el 75 en la cama de un hospital meses después de que yo hubiera nacido, aunque esto no lo he sabido hasta varios años después, y el dadaísmo no fue clave en la historia de España y su destino en lo universal. Las tribulaciones de un Tristan Tzara en unas visiones futuristas viendo a su hijo y a su amigo maquinando uno de los episodios que podrían haber cambiado la historia de España y quizás Europa por extensión. El niño físico y el filósofo, dramaturgo inclasificable, no lo consiguieron. Pero la historia puede dar para mucho. Para diez episodios concretamente.


(Captura real desde @cabezadavestruz)

Hace más de dos meses que se publica nada por aquí. Ni uno, ni dos, ni mucho menos diez episodios. Pero Fernando Arrabal me sigue en Twitter. Y, le pese a quien le pese, yo sigo más vivo que nunca. Aunque no lo vaya gritando a los cuatro vientos ni publicando por aquí.

Gracias y saludos cordiales.




miércoles, 15 de noviembre de 2017

Más de mil historias desconocidas





-¿Ves eso? Ahí dentro. Más allá de las ventanas.
-Hay cortinas y persianas. Las cortinas y las persianas se inventaron para que no se pueda ver desde fuera lo que hay dentro.
-No, estás equivocada. Las cortinas y las ventanas no se crearon para eso. Yo soy partidario de pensar que se hicieron para no ver desde dentro lo que hay fuera.
-Entonces nos perderíamos más de mil historias, ¿verdad?
-¿Dónde hay más historias? ¿Fuera o dentro?
-Fuera hay más mundo. Dentro hay más mundos privados.
-Hay otros mundos, pero están en este.
-Muy bonita la frase, pero no sé qué relación tiene.
-No sé. Deberíamos plantearnos que las persianas y las cortinas no son típicas de todo el mundo.  
-Hay más zonas del mundo donde no las usan que lo contrario. Aunque tú hayas nacido y vivido siempre en un país muy soleado y pienses que es lo típico. Ahí tienes alguna explicación. Quizás las persianas y las cortinas se hayan inventado para evitar el sol y la luz más que para esconder o escondernos de las historias.
-Si no dejas entrar la luz no hay historias que merezcan la pena.
-Las mejores historias se desarrollan en la oscuridad.
-¿Ya estás otra vez intentando acostarte conmigo?
-Siempre.
-No te vale que te cuente las mil historias que hay allí dentro.
-No. Me gusta pero no me vale. Hay más de mil historias desconocidas. Nunca es suficiente.
-¿Y acostarte conmigo sí? Me insulta eso.
-Acostarme contigo puede tener más de mil historias desconocidas detrás. Depende de ti.
-De nosotros.
-De nosotros.



B.S.O.: "Siempre hay una historia", Rosendo.





lunes, 30 de octubre de 2017

cabezadeavestruz 9.0



9

Después de ocho años llegamos a empezar el año 9.



9 años para aprender a escribir.
9 copas por cada vez que diga que tengo que celebrar que esto va para 9 años.
9 veces que no he escrito más porque tenía otras cosas que hacer.
9 ejemplares de “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” que no he firmado aún y no sé dónde están ni quiénes las tienen.
9 abrazos que me gustaría dar ahora mismo.
9 personas que empujaron esto y que ahora no saben ni que existo.
9 amigos que amo aunque no valoran esto.
9 veces 9.
9 relatos, sólo nueve, en todo el año 8.
9 canciones que me vienen ahora a la cabeza, y ninguna para hacer la B.S.O. del año 8 de cabezadeavestruz.
9 tonterías o más, repetidas, gastadas, pero que a muchos les parecen nuevas.
9 discusiones con el celibato para ver si lo pierdo de vista de una puta vez.
9 excusas para no perderlo porque es un amigo fiel.
9 maneras de no escribir nada cuando tengo tanto que contar.
9 besos de esos que parecen 99.
9 eran los 7 enanitos pero poca gente lo sabe.
9 personas que no me conocen mucho me han dicho que “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” les está gustando mucho y más de 9 veces me he emocionado por cosas relacionadas con el libro.


(Última imagen de "Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren" por el mundo recibida. GRACIAS, ANA)


9 discusiones he tenido conmigo mismo para no terminar con esto de una puta vez.
9 putas no voy a escribir en este texto por mucho que ya lleve dos.
9 sonrisas tuyas.
9 apuestas fallidas.
9 segundos eternos, que son más en número que los 7 de la canción de Los Rodríguez, pero menos que cualquier canción de esas que tienes ahora mismo en mente.



9 oportunidades he tenido de marcharme y aún sigo aquí.
9 máscaras en forma de palabras para no decir lo que siento y 9 sentimientos que no deberían haber tomado forma.
9 dorsales de falso 9.
9 silencios rotos con un “yo escribo cosas que no me atrevería a decir”.

El 9 no es un número primo. No es ni un número con entidad propia porque si lo giras o lo miras desde otra perspectiva es un 6. Y claro, un 6 no es ni de lejos lo mismo.

9 momentos en los que te gustaría verte mirando esto.

9 PUÑAOS DE BESITOS PARA ELLOS Y ABRAZOS PARA ELLAS.

9 MILLONES DE GRACIAS.


(Prometo no irme muy lejos, por si a ti te interesa)



martes, 10 de octubre de 2017

Lector que disfruta, escritor orgulloso


Yo tenía un blog que me daba muchas satisfacciones. En cabezadeavestruz escribía con mucha regularidad y tenía a bastante gente pendiente de ello. Gente a la que le gustaba lo que leía. Personas que me hacían saber que merecía la pena. Locas y locos que hacían de mis historias herramientas de disfrute y utensilios de gustirrinín.



Pero hoy no es así. En los últimos tiempos os he abandonado. He dejado, sin mucha razón, de escribir por aquí como lo hacía. Porque me ha superado todo.

La aventura pública de “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” empezó en Junio y desde entonces ha absorbido el poco esfuerzo del que suelo disponer para casi todo. No he escrito más que dedicatorias y cosas promocionales. No he hecho más que compartir risas, cariños y reflexiones con gente que se acercaba al libro. Y me ha gustado. Mucho.



No creo que pueda expresar bien el orgullo que siente uno que escribe algo cuando alguien le lee y le dice lo que ha disfrutado. Es una sensación indescriptible. Es engordar varios kilos aunque no tenga dónde ponerlos ya. Es que se te ponga un poco dura el alma.

Gente que se va por ahí y te dice lo bonito que ha sido que “Una de las ventajas de estar muerto es quetodos te quieren” le acompañara. Otras que se han excitado con escenas del libro. Otros que se han reído hasta tener que dejar de leer. Algunos que han tenido que volver a leer alguna página varias veces porque cierta idea les estaba follando la mente. Incluso locos que te dicen que les ha sabido a poco y se han quedado con ganas de más.



Orgullo.
Satisfacción.
Orgullo y satisfacción, como diría aquel que ahora no viene al caso. Y no, parafraseándolo, yo no me voy a disculpar, no lo siento mucho, no me he equivocado y prometo que volverá a pasar.



Este mes se cumplirán ocho años de la apertura de este blog. Concretamente el día 30. El día que empieza el año 58 D.D. (Después de Diego). Este mes coincide que Amazon incluye “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” en su #MesIndie . Resulta que me consideran un autor underground cuando yo lo que siempre he querido ser es un puñetero mainstream. Si me dan a elegir entre ser un autor de culto o un autor de bestseller me quedo con lo segundo porque tengo unos niños imaginarios siempre nonatos que alimentar. Sí, se llaman Christina y Esteban. Aunque nunca vayan a nacer tengo que alimentarlos y darles un futuro. El caso es que han puesto en oferta el e-book y no sé qué es lo que hacen con el libro en papel. Y nada, que soy alternativo para ellos. Me entran ganas de meterme en aquella canción de LosNikis sobre nacer en Burgos, teñirse el pelo de color butano y cantar en inglés, ¡oh, qué alternativo soy!



Realmente yo venía aquí a hablar de mi libro. Porque siempre me ha costado mucho venderme y hablar de mí aunque no lo parezca. No, mejor corrijo: siempre me ha costado mucho venderme y hablar bien de las cosas que hago. Pero cuando te dicen lo que han disfrutado leyéndote te sientes orgulloso. Cuando ves a tu libro dar vueltas por el mundo se te pone dura el alma. Cuando alguien se alegra por mí más que yo mismo me gustaría casarme con él.



¡GRACIAS!



Algún día os explicaré como cuando alguien disfruta con lo que has escrito te sientes tan orgulloso.
Algún día...

¡Besitos para ellos y abrazos para ellas!



B.S.O.:Canto en inglés”, Los Nikis.



P.D. I: Las imágenes están sujetas a los derechos de autor de sus respectivos autores. Si alguien tiene algún problema con su exposición pública que me lo haga saber y la sustituiré inmediatamente por otra aún peor.



P.D. II: El orgullo y la satisfacción que produce a este que escribe esto de que alguien disfrute con la lectura de “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”, sigue vigente con algún ejemplar en el MOLOKO, C/ Ramón Albarrán, 9A, Badajoz (¡GRACIAS INFINITAS por hacerme sentir como en casa y ser parte de la decoración y el menaje de lo que hace tiempo ya es mi hogar), en Amazon (amazon.es/dp/1521411700) y en breve en Cáceres y Madrid en sitios aún por anunciar.







martes, 22 de agosto de 2017

Tú tenías un puto blog


Eso me dijo ella. No le faltaba razón. Yo tenía un puto blog y lo tengo abandonado. Quizás no fuera más que una impresión errónea o que tenía mejores cosas que hacer.

¿Qué cosas?
No sé, cosas.
¿Cuáles?
He publicado un libro.
¿Y qué?

No supe qué responder. Tenía un puto blog abandonado y me escondía detrás de un libro que acababa de publicar para que no se viera. Cuando era niño no me gustaba jugar al escondite. No me gustaba esconderme. Me escondía mal porque tenía miedo a que no me encontraran. Creo. Tampoco estoy seguro de eso. Recuerdo mal la infancia. La mía y la de los demás. También recuerdo mal que tenía un puto blog. Todo es tan relativo. Taaaan relativo.



Me invento las cosas y no siempre para bien. Todo parte de cuando vi “La rosa púrpura de El Cairo” y me metí en la película. Fui consciente de que yo no sé tocar el ukelele, de que él era imaginario, de que yo iba a tener un puto blog abandonado y de que seguramente todo lo sea. Imaginario.
He publicado un libro que se llama “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren” y lo único que creo que es que soy un farsante que tengo un puto blog abandonado.


- Publicar un puto libro no justifica tener un puto blog abandonado.
- Es mi segundo puto libro.
- Tu puto segundo libro y tu puto blog abandonado.
- ¿No crees que usas mucho la palabra “puto” para todo?
- Quizás. Quizás todo sea producto de tu puta imaginación.

Quizás todo sea una puta mentira...





P.D.: La película de Woody Allen “The Purple Rose of Cairo” se llama en castellano “La Rosa Púrpura de El Cairo”, no “del Cairo” como suele verse por ahí porque los nombres propios que incluyen el artículo “El” no se contraen aunque lleven “de” delante. No es que sea un tema importante pero el mundo está lleno de frases con ese error.

P.D. II: Tengo un puto blog abandonado. Este. También he publicado mi segundo libro, “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”, y se puede comprar en Amazon tanto en papel como para Kindle, y se pueden leer más de 50 páginas de manera gratuita en la misma página. Puto libro.




martes, 9 de mayo de 2017

Escribes muy poco últimamente






Hola

¿Qué tal? ¡Cuánto tiempo!

He leído una cosa y me he acordado de ti.

¿Sí?

Sí. Decía Galeano algo así como que “para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos”. ¿Lo conocías?

¿A Galeano? Sí, claro.

No, la frase.

Sí, también, claro. De hecho me ha perseguido mucho durante gran parte de mi vida.

¿Y eso?

Pues no sé, a Galeano lo conoce casi todo el mundo, ¿no?

No, lo de perseguirte durante gran parte de tu vida.

(Risas)

¿Y bien?

Sería una conversación muy larga y lo sabes.

Hace mucho que no hablamos mucho tú y yo.

Sí, hace mucho.

(Silencio)

¿Y entonces?

Nada, tienes razón, hace mucho que no hablamos mucho. Aunque suenen raros los dos “mucho” tan cerca el uno del otro.

¿Y por qué?

No sé, dímelo tú.

Yo esperaba que me lo dijeras tú.

¿Para eso me has hablado?

No.

¿Entonces?

Hace tiempo que no escribes nada.

Eso no es cierto.

(Risas y silencio y risas)

Hace tiempo que no tú no ves nada de lo que escribo, pero escribo más que nunca.

¿Y eso?

Pues no sé. Es lo que toca.

¿Recomponiendo pedazos?

No.

(Silencio)

¿Entonces hace tiempo que no veo nada de lo que escribes aunque escribas más que nunca?

Exactamente. Bueno, tampoco es que escriba más que nunca. Escribo bastante pero casi no lo enseño.

¿Y por qué?

Pues no lo sé. Quizás para que tuviéramos esta conversación.

(Risas)

No, en serio, que nos conocemos, ¿por qué?

(Silencio)

Para provocar esto.

Mientes.

(Risas y silencio)

Claro. Como cuando escribo. Pero te gusta más que te mienta por escrito que oralmente.

Tú, en cambio, siempre has sido mucho más de lo oral.

En casi todos los sentidos.

(Carcajadas)

¿Vas a escribir más entonces?

Estoy escribiendo mucho.

¿Me lo vas a enseñar?

¿El qué?

(Carcajadas y más carcajadas)

Esas risas nerviosas no me han gustado nada.

No eran risas, eran carcajadas.

Peor aún.

Carcajadas y más carcajadas.

Me lo pones muy mal.

Y tú cuando no escribes.

Escribo.

Cuando no me lo enseñas lo muestras.

¿Me echas de menos?

Sí. Y lo sabes de sobra.

Me gusta que lo digas.

Lo necesitas.

Lo necesito.

¿Cuándo vas a escribir más o a enseñar lo que escribes?

(Silencio)

¿Cuándo nos vemos?

(Silencio)








miércoles, 1 de marzo de 2017

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 44): De lametones y contradicciones.





Cuando aprendí a escribir soñaba con darte lametones con mis palabras.

Ahora me conformo con lamerte sin más.

Aún estoy aprendiendo a escribir.

Sigo siendo un experto en lametones por tu cuerpo.


El mundo es así de contradictorio…




martes, 31 de enero de 2017

Enero es el peor mes para conocer a alguien




Nos conocimos en enero, que es el peor mes para conocer a alguien. Pese a ello, llegado marzo seguíamos juntos y cada vez estábamos más unidos. Tanto que decidimos pasar el día del padre en pareja. Para ella era especial porque hacía poco que había perdido al suyo. Para mí también, aunque un poco menos, porque yo hacía tiempo que había decidido no querer al mío. Lo celebramos como mejor se celebran las cosas en pareja, bajo una manta en el sofá viendo películas. Ella era más de series pero me concedió ese gusto a cambio de que yo me responsabilizara de elegir las películas. Y responsabilizarse de elegir las películas cuando estás con ella es mucho responsabilizarse. Elegí un abanico de varias que nos podrían valer a los dos, aunque todas ellas eran parte de mi altar de los afectos por el cine más grande que podía tener. El Padrino II, La gran belleza, Lolita y Remando al viento. Sí, ya sé que no tiene ninguna lógica la elección, pero en aquel momento me pareció adecuada. Y le sumé Eyes wide shut por aquello de introducir algo subido de tono por si podía después introducirme yo en ella. Aún estábamos en esa fase en la que la prioridad al quedarnos solos era el sexo. Y no sólo para mí. Empezamos a ver Eyes wide shut y aquello desembocó en polvo salvaje en el sofá. Salvaje pero cuidadoso porque hacía frío en aquella casa cada vez que alguna parte de nuestros cuerpos se salía más tiempo de la cuenta de debajo de la manta por muy calientes que anduviéramos. Tanto andábamos que se nos fue de las manos e hicimos ruido como si de nuestros gemidos y gritos fuera a llegar más placer. He estado con alguna que otra chica que así lo pensaba, pero esa es otra historia. Nuestros gritos molestaron a los vecinos de abajo, muy amigos de su difunto padre como supe tiempo después, y de la molestia pasaron a la indignación. Aporrearon el suelo seguramente con una escoba o algo así para que nos diéramos por avisados pero lejos de eso nos entró más hambre sexual. Luego, cansados de escuchar nuestra lujuria, gritaron pidiendo un poco de respeto para el vecindario. Hasta que, hartos de todo, subieron y empezaron a aporrear al puerta. Ella decidió que por mucho que nos molestara tenía que abrir y salir de aquello lo más dignamente que fuera posible, si había manera. Un señor mayor, con indudables maneras y aspecto de guardia civil retirado, entró en la casa buscando la orgía que suponía que teníamos montada. Tras no ver más que un arrecido personaje con el pelo revuelto que estaba tapado por una manta que no le cubría entero y era yo, miró la mesa y cogió el montón de las películas como si de un censor que se tratara. Pues vaya, dijo, tampoco tenéis mal gusto. Eso podría haber relajado el ambiente pero mi erección y lo extraño de la situación hacía que el gustoso debate cinéfilo que siempre me gusta tener fuera la más lejana de las opciones de lo que quería hacer en aquel momento. Bajé la cabeza y vi como se alejó musitando algo así como que él no se quería meter en nuestra vida pero que a su padre no le gustaría eso que estábamos haciendo y mucho menos que todo el vecindario se enterara por el escándalo que estábamos montando. Contó ya en la puerta que en el mismo sofá que estábamos mancillando él debe confesar que vio junto al padre de mi chica alguna película prohibida antes de que nosotros hubiéramos nacido, pero que eso no lo sabe ninguna de sus parejas. ¡Cómo hecho de menos a tu padre y aquellos ratos de cine! dijo y le dio dos besos, cuídate y no seáis malos, y se fue con las películas escaleras abajo. Mi chica volvió al sofá pero ya no se quitó más la bata que se había puesto para abrir la puerta. No retomamos la película. Ni el sexo, que fue lo peor. Se acurrucó sobre mí con evidente melancolía y tristeza. Pero en mi cuerpo desnudo su roce hizo que se me levantara y eso a ella le molestó y se lo tomó como un insulto. Me invitó a irme y yo obedecí avergonzado por la dureza de mi polla. Cuando iba por la calle me di cuenta de lo raro de una situación que había hecho que alguien me hubiera quitado alguna de mis películas preferidas en mis propias narices. Al llegar a casa me masturbé mucho. Aunque eso no tenga importancia. Dejé que se enfriara todo un poco y no me atreví a decirle nada. Pasó el día y ella tampoco me dijo nada. Ni un mensaje ni nada. Dos días, tres, cuatro... 



Sin saber cómo, se nos fue la intimidad y no nos volvimos a ver ni a hablar por un tiempo. Hasta que un día, un par de años después, nos encontramos en la filmoteca. Ponían una versión del director de Eyes wide shut y al estar los dos solos en la fila para entrar no encontramos excusa para no sentarnos juntos a verla. No hablamos mucho, como ambos sabemos que hay que hacer en una sala de cine, y al salir teníamos los dos una -sospecho- falsa excusa de prisa para no poder seguir hablando más allá de la despedida. Tengo que devolverte las películas, me dijo. ¿Las recuperaste? le pregunté extrañado. No, pero tengo que devolvértelas. Da igual, no te preocupes, para ti. Si algún día recuperas Lolita sí me gustaría tenerla porque no la encuentro, pero no te preocupes por lo demás. Te la recuperaré y así quedamos cuando te la dé para hablar un rato, ¿vale?
Los dos sabíamos que no valía. Meses después encontré en mi buzón un DVD de la Lolita de 1997, de Adrian Lyne con una nota que decía "Te lo debía. No tengo fuerzas para quedar contigo y hablar pero espero que siempre me recuerdes como yo lo hago, como algo bonito y feliz y deseándote lo mejor. Siempre."
Reconozco que me emocionó. Y no he vuelto a saber de ella. Ahora, todos los días del padre su recuerdo vuelve a mi mente y mi alma se pone un poco dura y sonrío. Siempre la tendré en el altar de mis amores vitales. Pero, sobre todo, siempre recordaré que me devolvió la Lolita que no era. La que llevé a su casa era la versión de Stanley Kubrick de 1962.

Enero es el peor mes para conocer a alguien, sin duda.



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!